Entre la infidelidad y la lealtad: consejos para relaciones de pareja

Entre la infidelidad y la lealtad consejos para relaciones de pareja

60 por ciento de los hombres y 55% de las mujeres casadas han tenido algún episodio sexual extramarital.
Archivo de El País.

ue una persona sea infiel no quiere decir que sea desleal. Por lo menos así lo dice Flavia Dos Santos en su libro ‘Poliamor, más allá de la infidelidad’, de Villegas Editores.

“La infidelidad, mirada como una interrupción de la exclusividad sexual, no necesariamente implica un rompimiento de los vínculos más fuertes entre una pareja: el amor y la lealtad”, argumenta la polémica sexóloga brasileña.

Para ella, la infidelidad sexual es producida en los sentidos y motivada por un impulso natural del ser humano por el deseo sexual hacia otras personas que no son su pareja. El malentendido está, según la sexóloga, en asumir la fidelidad como exclusividad sexual.

Para ella hay más deslealtad en muchos hombres y mujeres que no tienen sexo con otras personas, los supuestamente ‘fieles’ o monógamos, pero que no soportan ni respetan a sus parejas, las critican, nunca comparten con ellas y hasta las anulan.

La lealtad, dice, radica en el amor, la admiración y el respeto por el otro, y no entendido sólo bajo el concepto de ‘propiedad privada’. Lealtad es conservar una conexión y el deseo de compartir sueños en pareja, además de una comunicación verdadera y respetuosa. Que no es ventilarse las mutuas infidelidades, pero tampoco exigir monogamia eterna.

Otra consigna del ‘Poliamor’ que haría rasgarse las vestiduras a los defensores de la fidelidad eterna, es que “no somos monógamos por naturaleza”. Principio antropológico que trae a colación Flavia pero que además se consigna en el libro ‘En el principio era el sexo’, de Christopher Bryan y Cacilda Jethá.

“En hombres y mujeres se da el deseo separado del amor. El cuerpo se siente excitado por personas distintas a su pareja, les pasa igual a hombres y mujeres, “pero a ellas les han enseñado a reprimir el deseo, si no fuera así no habrían existido los cinturones de castidad, ni la práctica de la ablación del clítoris en las sociedades”, dice Flavia.

Precisamente el gusto actual por la pornografía o las dificultades que se experimentan en la monogamia sexual de largo plazo son “el resultado de haber suprimido un instinto natural y de haber adoptado el modelo de relación monógama con exclusividad sexual”, dice ella.

Aunque tanto ellos como ellas se ven tentados por la infidelidad, ambos le temen. La mujer teme que si él tiene a otras, perderá acceso a la seguridad material que él le brinda. A él le asusta que otro tenga sexo con su mujer y terminar manteniendo hijos que no son suyos.

La fidelidad, ¿natural o cultural?

Pero los infieles no siempre buscan lastimar al otro, así lo cree Flavia. “Cuando una mujer es infiel no se despierta un buen día dispuesta a complicarse la vida y la de los demás, pero sí dispuesta a ser feliz, a sentir excitación, a satisfacer su deseo, a sentir gratificación. Al respetar por algunos momentos sus instintos, sus deseos, no tiene claro el grado de dolor que puede o podría estar provocando”.

El hombre tampoco pretende castigar o maltratar a su pareja; lo que está haciendo al ser infiel, según Flavia, es “aceptando su deseo momentáneo y lo gratifica, sin que su lealtad se vea comprometida. Existe una altísima probabilidad de que siga siendo un buen esposo, un buen compañero, porque mantiene intacta su lealtad”. Así las cosas, “la fidelidad no es natural, es cultural. No está en la naturaleza del ser humano, es una deformación cultural”.

Lo que pasa es que para conservar el modelo de ‘exclusividad sexual’, se creó todo un imaginario del amor romántico, que ‘ha de ser para toda la vida’ y que ‘el sexo solo es permitido con la misma persona siempre’, no importa si el deseo ya desapareció, el encuentro sexual vendrá acompañado de música celestial y pajaritos, pero eso no es real. La realidad, dice Flavia, es el orgasmo, “entregarse de tal forma al placer que se olvide del romanticismo y de los pajaritos”.

Para la sexóloga el problema está en que las parejas dejan de hablar de sexo, de sus sueños y deseos. Si expresaran sus deseos reprimidos y encontraran formas de satisfacerlos, habría más compenetración entre ellos, los temores desaparecerían y establecerían compromisos.

Se tiende a creer que lo que se aparte de la monogamia es promiscuo, que el sexo o el deseo es el problema, y no es así. “Se cree que alguien que escucha sus deseos y sus instintos es irresponsable, es un estigma que se ha creado para mantener el mito de la monogamia”.

¿La monogamia es anormal?

La monogamia es una conducta aprendida desde la infancia. Sin embargo, es anormal, porque la estabilidad constante es imposible y es natural que el ser humano viva constantes movimientos, crecimientos y retrocesos.

El deseo hacia el otro y la curiosidad son instintivos. Y dice Flavia que es mejor respetar los deseos, o estos se pueden transformar en rabia hacia la pareja.

Esa falta de deseo, el gran problema actual en las parejas, se debe al exceso de intimidad, de proximidad, de conocimiento, a la falta de duda y de curiosidad, que según la sexóloga son esenciales para avivar la llama. En una carta a Sigmund Freud, Carl Jung escribió que “el requisito de un buen matrimonio es la licencia para ser infiel”.

El debate está planteado. Para unos, la seguridad y el confort que todos quieren reemplazan el erotismo. Si se tiene algo, no se desea, solo se desea lo que no se tiene. Otros seguirán creyendo que lealtad y fidelidad son lo mismo, y que romper con esta máxima solo se presta para el caos y el fin del amor.

Días de riesgo

Después del primer año de casados. Al terminarse la alta excitación emocional de los miembros de la pareja queda un vacío, similar al de las drogas, que cuando su efecto se acaba se quiere volver a sentir. Y el esposo o esposa no pueden satisfacer constantemente ese deseo de excitación. Se suelen dar coqueteos ocasionales, sin conexión emocional con ‘él o la otra’ y el infiel siente que aun ama a su pareja.

Después del nacimiento del primer hijo. La pareja deja de ser pareja, por la intromisión de este, que acapara la atención, por lo que uno de los dos miembros de la pareja se puede sentir
desplazado.

Del quinto al séptimo año. O ‘Comezón del séptimo año’. Las parejas ya han logrado las metas establecidas en conjunto y la expectativa de que ‘lo mejor está por venir’ se acaba. Uno de los dos (o ambos) busca algo que les devuelva la emoción.

La mediana edad. O ‘Crisis del solsticio’. Los hijos han crecido y se han ido (‘Síndrome del nido vacío’) y cada uno se cuestiona su razón de vivir. Es una segunda adolescencia, los hombres deciden comprar un auto deportivo; ellas se aplican bótox, se tiñen el pelo, ambos comienzan a vestirse con prendas más juveniles. Y llega un nuevo amor.

Tipos de infidelidad

  • En su libro ‘Mentiras privadas: Infidelidad y traición’, el doctor Frank Pittman identifica cinco:
  • Accidental: ocurre sin que se planee, en una viaje de trabajo, en una fiesta, cuando se presenta la oportunidad.
  • Innata: hombres o mujeres que necesitan estar continuamente probando que son seductores.
  • Por arreglo: parejas que se ‘dan un tiempo para experimentar’.
  • Romántica: personas poco valoradas o maltratadas que idealizan los encuentros sexuales accidentales.
  • Emocional: cuando se rompe la complicidad y conexión con la pareja y se empieza a admirar a otro, que interfiere en sus pensamientos.
  • Intelectual: cuando la persona se enamora del pensamiento del otro. Aunque no hay sexo, terminan compartiendo sus proyectos de vida y emociones.
  • Virtual: causa del 15 % de los divorcios en EE. UU.

    El club de los poliamorosos

    Los poliamorosos piensan el amor como algo infinito que no tiene por qué consumirse o acabarse en una sola persona; al contrario, como es algo tan grande e imperecedero, este sentimiento puede darse con varias personas en diferentes momentos.

    La idea del poliamor es no sentir celos, no controlar, no castrar la vida del otro, es vivir un amor incondicional sin tener que desistir de otros. Hay respeto por la libertad, que genera felicidad y esta se revierte en un mayor amor hacia la persona que reconoce esa libertad.

    No confunden compromiso con exclusividad, amor con propiedad ni sexo con intimidad. Muchos poliamorosos han dado testimonio de cómo su ser amado se torna aún más amoroso con ellos después de haber tenido encuentros sexuales con otros, dado que se enriquece como amante y como persona. Un sentimiento que expresan con la palabra ‘comprensión’, lo opuesto a ‘celos’.